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viernes, 27 de noviembre de 2009

Una opción diferente para los estudiantes de derecho

Buenos días, tardes o noches (dependiendo del momento en que lea esto). Mi nombre es Carlos Garaventa y me han invitado a participar de este blog colectivo.
En este primer posteo que realizo quería compartir con todos sus lectores un pequeño escrito que publiqué hace un tiempo en mi blog "En Disidencia" y recibió muy buena crítica.
Espero que lo disfrute, saludos.


UNA FORMA DISTINTA DE APRENDER DERECHO DE FAMILIA Y SUCESIONES


Sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener la necesidad sobre todo de amigos; porque ¿de qué sirve esa clase de prosperidad si se la priva de la facultad de hacer bien, que se ejerce preferentemente y del modo más laudable respecto de los amigos?
Aristóteles, Ética Nicomaquea (Libro VIII)


Dentro de los imponentes muros de la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires se pueden oír muchas “leyendas urbanas”. Por ejemplo que quien cuente las famosas columnas del edificio nunca se recibirá, la existencia de un prostíbulo en el subsuelo que fue cerrado al comenzar el siglo XXI o la maldad de un profesor de Derecho Romano que durante la última dictadura militar aprobaba a sus alumnos sólo si sabían contestarle cuanto media un pino promedio en Roma y la genialidad de un estudiante que muy inteligentemente le indico una altura con la mano diciéndole “mas o menos así” a lo que el profesor preguntó “¿cómo, tan bajito?” y el estudiante dijo “no se olvide que estamos en un primer piso”.
Una historia que nadie cuenta pero que merece serlo es la de una cátedra muy particular de la materia “Derecho de Familia y Sucesiones” es por ello que dedicare unas breves líneas a ella para que los afortunados a quienes llegue esta historia puedan experimentar nuevas sensaciones humanas en una de las casas de estudio mas inhumanas que existen (ver: “Un poco de humanidad en la facultad mas inhumana” en revista Vendetta N° 2, septiembre de 2007. P. 40 a 42) y darle el status de leyenda que debería tener.
La cátedra que estaba a cargo del recientemente fallecido Abel Fleitas en la comisión de los Drs. Pitrau y Vega sorprende a sus estudiantes desde el primer día cuando esperando en el aula a que llegue el profesor una persona entra y nos indica dirigirnos al aula magna de la facultad. En ese lugar el Dr. Osvaldo Pitrau comenzará a explicar en que consiste el curso a la vez que nos da la bienvenida. A los estudiantes -acostumbrados a aprendernos los artículos del código de memoria y rendir dos o tres parciales- nos llama poderosamente la atención el sistema de evaluación explicado por Pitrau, un sistema de evaluación constante (clase a clase).
Un fakir, dice Pitrau, duerme en una cama con 100 clavos porque de esa forma distribuye mejor el peso de su cuerpo ya que si durmiera sobre una cama de uno, dos o tres clavos éstos lo perforarían. Con esto quiere decir que es mejor una evaluación diaria que una, dos o tres evaluaciones parciales.
Ante lo desconocido el miedo de los estudiantes no se hace esperar, recuerdo que al terminar la presentación del curso una compañera consumida por la incertidumbre me preguntaba desesperada por el método de la cátedra, como si yo lo conociera, ya que le había adelantado que sabía con lo que me iba a encontrar. De la misma manera un amigo correntino a quien conocía por haber cursado otra materia juntos evaluaba la posibilidad de renunciar al curso al finalizar la segunda clase.
A apagar el incendio del temor llegaron los baldazos de agua del Dr. Alberto Vega quien explicaba que la cátedra funcionaba de la misma manera que un gimnasio: al principio siempre cansa y duele, pero cuando el cuerpo esta tonificado se vuelve tan natural como respirar.
La cursada se divide en dos bloques: uno de Derecho de familia y otro de Derecho de sucesiones. Durante el primer bloque la clase comienza con un trabajo práctico que suele durar de 15 a 20 minutos (siempre a libro abierto y con la bibliografía libremente elegida por el estudiante) luego la clase se convierte en un ferviente debate sobre la resolución de los casos en donde cada uno de los que integran el aula pone su cuota de conocimiento y actitud a la discusión. Para los que logran adaptarse a este sistema y entran al segundo bloque de la materia comienza el momento mas maravilloso en donde la tediosa tarea de estudiar el aburrido Derecho sucesorio resulta extrañamente divertida: aquí los profesores se toman una pequeñas vacaciones de su labor habitual y las estrellas del espectáculo pasan a ser los estudiantes a quienes se les exige que den clases en forma grupal pero se les prohíbe totalmente que esa clase sea algo común. Es en ese momento cuando personas de mas de 21 años de edad se ven obligadas a volver a ser niños y recuperar toda la imaginación perdida con los años para hacer algo lo mas original posible y sorprender al resto de sus compañeros al mismo tiempo que a sus profesores.
Al terminar la cursada nos sentamos en circulo y sacamos todo eso que llevamos dentro, decimos lo bueno y lo malo, lo que nos gustó y lo que nos desagrado con la misma sinceridad con la que hablábamos en cada una de las clases. En ese momento dije que era sin dudas lo mejor que había encontrado en la facultad pero que no era ni atípica ni la superación de lo otro. Mas allá de todo lo bueno que posee no supera la dificultad señalada por Duncan Kennedy en la enseñanza del Derecho: “Los estudiantes actúan efectivamente dentro de los canales construidos para ellos, haciéndolos aún más profundos, dándole a todo una pátina de aprobación y haciendo que la complicidad penetre en la historia de vida de cada uno” (“la educación legal como preparación para la jerarquía” en revista Academia N° 3, otoño de 2004. P. 118). Describí a la cátedra como una cátedra “touch and go” en donde todo se realiza en un marco de rapidez absoluta (al igual que el ejercicio de la profesión de abogado) en donde no queda tiempo para buscar una vuelta de tuerca más en la solución de conflictos; pero esto se debe a la crítica general que hago de la enseñanza del Derecho la que, según mi parecer, debe estar orientada a fomentar la investigación para realizar mayores aportes a la ciencia jurídica. A pesar de eso, se que el camino es largo y el paso que se da en esta materia es muy grande y no debemos olvidar que todo gran fuego comienza de una pequeña chispa.
Se generan lazos de amistad muy fuertes entre los estudiantes y estos también con los profesores. Es tan así que una semana después de terminar el curso organizamos una fiesta que emuló a la famosa obra de Platón “El banquete” (metafóricamente hablando) en donde, mientras el vino (vodka) pasaba de mano en mano todos hablamos del amor pero no a través del discurso como lo hace el filósofo griego sino con el baile, los abrazos y la charla de borracho.
Uno de los profesores (el Dr. Petersen) nos decía constantemente que nos iba a costar decir adiós y la verdad es que se equivocó, decir adiós no le costó a nadie porque nadie lo dijo. Y si bien es verdad que duele el saber que no vamos a tener otra experiencia como ésta es un dolor que no produce tristezas sino la gran alegría de tenerlo, como dice el poema del Gustavo “chizzo” Napoli:

Esta lloviendo pero yo veo un día de sol,
imagínense ustedes, imaginen como estoy.
Embriague mi alma y ya no siente dolor,
aunque afuera llueve yo veo un día de sol.
Si la tristeza vuelve y mañana es peor,
eso será mañana, por hoy llueve con sol.
(Napoli y Vera “Estaciones de tinta negra” Distal, Bs. As. 2005. P. 11)

Esta cátedra logra, sin dudas, cosas maravillosas: que el estudiante tenga ganas de ir a cursar de 21:30 a 23:00, que nunca sepas con que te vas a encontrar, que profesores y estudiantes discutan en pie de igualdad, que las diversas opiniones sean escuchadas y respetadas, que el conocimiento individual de cada uno contribuya a engrandecer el conocimiento general de todos, que estudiantes y maestros puedan divertirse a la ves que enseñan y aprenden, que el saber se transmita a la vez que se adquiere y viceversa, que quienes nunca hayan estudiado en grupo tengan su primera vez, que quienes no conocían “la parlante” la conocieran, que las primeras impresiones no sean las definitivas (como me decía una compañera unos días después de terminar la cursada: “Garaventa cuando recién te conocí te odiaba y ahora te amo”), etc. etc. Pero por sobre todo que seamos una gran familia.

Puede dejarme su comentario en mi blog haciendo clik aquí

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jueves, 29 de octubre de 2009

Contra los abogados que dan clase

MARTÍN BÖHMER dispara contra los AQDCs







Por Martín Böhmer

Lo que sigue son algunas razones por las cuales los AQDC no deben ser miembros mayoritarios de los claustros universitarios:


1. Tiempo.
La docencia es una actividad que requiere una dedicación profesional. En efecto, en general la preparación de las clases, de los materiales para organizarlas y la permanente necesidad de actualización necesitan de un tiempo que excede el del amateur. Sin embargo, justo es reconocer que no siempre fue así y que en las tranquilas décadas en las que gobernó el Código y el trabajo de la dogmática brindó los materiales de estudio que hasta hoy utilizamos se podía dar clase repitiendo textos. Hoy esto ya no es así y dada la caída en desuetudo de los materiales tradicionales, continuar con lo mismo constituye una estafa académica. Para no cometerla, hace falta tiempo y trabajo profesional.


Lo dicho también funciona para la investigación, en la medida en que ahora no puede consistir sólo en el comentario de leyes o de fallos. El derecho se ha hecho más complejo y por lo tanto más difícil de encontrar y de interpretar, como también se han sofisticado las metodologías de las ciencias sociales y de las humanidades. Hacer investigación hoy no puede ser tampoco un trabajo amateur. La necesidad de profesionalización de la investigación en derecho y la creación de una comunidad epistémica robusta en nuestro país y en la región excede las cuestiones académicas, es también una necesidad política de la sociedad que debe contar con una visión jurídica independiente.


Las profesoras y profesores de derecho deben también asumir sus obligaciones respecto de la extensión universitaria. El conocimiento y las destrezas que nosotros desarrollamos en nuestros estudiantes no pueden quedar sólo restringidos a las aulas. La relación con la sociedad, más allá de la enseñanza clínica del derecho, es una deuda pendiente de nuestras facultades.


2. Imparcialidad y conflicto de intereses.
a. Respecto de los clientes.
Cuando los abogados asumen las causas de sus clientes desarrollan la teoría del caso desde la perspectiva del interés particular que deben defender. Aunque luego deban asumir el punto de vista del interés público para hacer una defensa efectiva, su posición estará teñida por la necesidad de defender ese punto de vista parcial. El enamoramiento que los mejores profesionales desarrollan de sus teorías se contrapone con la necesidad de sopesar todos los argumentos bajo la mejor luz con que desarrolla su tarea quien asume la actividad académica en forma profesional. Esta tendencia se agudiza cuando el tipo de clientes que se defiende regularmente es homogéneo. En esta situación la práctica de mirar desde diversas perspectivas se pierde a expensas de una mayor especialización.

El conflicto de interés se refleja también en la producción docente (materiales de estudio, artículos, manuales, tratados) y en la académica. En efecto, la oportunidad para “decir” el derecho de la doctrina (que se presenta muchas veces sin la necesaria aclaración de la perspectiva profesional que tiñe la mirada del autor o incluso sin la mención de la fuente de financiamiento de la investigación previa) es tomada por quienes a sabiendas o no utilizan el principio de autoridad que brinda el prestigio académico para impulsar la posición que beneficia los intereses de su estudio, en una suerte de lobby académico no regulado.

b. Respecto de ser adjunto de jueces.
No abundo demasiado en la obvia desigualdad que privilegia a los AQDC que son miembros de cátedras dirigidas por jueces en detrimento de sus contrapartes en la profesión.

c. Respecto de ser titular de jueces
Id. anterior con el agravante de ejercer cierta autoridad sobre el magistrado en cuestión.

d. Respecto de ser profesores de jueces.
Id. anteriores. Aquí se suma el ascendente académico de la doctrina, más la posibilidad de evaluar magistrados, más el impacto de algunos de estos cursos para títulos que dan créditos en los concursos de los consejos de la magistratura.

e. Respecto de seleccionar y examinar jueces.
El hecho de que AQDCs sean los “juristas” de los consejos de la magistraturas altera la lógica tripartita que en general tienen estas instituciones, dado que si los juristas no son independientes de la profesión entonces suman varios problemas: carecen de la representación de los colegios de abogados o de las asociaciones de magsitrados y no brindan la mirada externa que las constituciones intentan crear.

El hecho de que los AQDC formen parte de los jurados en los exámenes de jueces lleva estos problemas al paroxismo del conflicto de interés. Los jueces y juezas están sujetos a la evaluación (actual o eventual) de abogados o abogadas que litigan ante sus estrados, sus carreras dependen de la forma de corregir sus exámenes de gente que depende de sus decisiones para tener éxito en su profesión. La situación es francamente escandalosa.

3. Del argumento que afirma que los profesores profesionales no saben derecho.
Si quien enseña derecho no sabe derecho es un mal docente de derecho. Lo que tal vez intenta decir este argumento es que el derecho no es una disciplina que se pueda conocer en una biblioteca. En efecto, el derecho es una práctica social compleja y como tal una suma de conocimientos, destrezas y actitudes que se adquieren en la biblioteca, en la discusión y en la práctica profesional. Una buena docente de derecho conoce las normas, la práctica hermenéutica que le da contexto, la práctica social que asume los casos fáciles y que arma las reglas para discutir los casos difíciles, las destrezas estratégicas de la negociación y el litigio, etc. Un AQDC a los sumo conoce las normas relevantes de los casos que le llegan al estudio y las desventuras de las mesas de entradas de los tribunales en los que sus casos salen sorteados. No puede hacer investigación empírica, no tiene tiempo de reflexionar sobre su práctica como hace un profesor de clínicas jurídicas, y en general le cuesta distanciarse emocionalmente de los casos en los que es protagonista. Un docente profesional puede enseñar derecho, un AQDC puede contar algunas de las cosas en las que consiste el derecho que ha encontrado gracias a los problemas que le muestran sus clientes.

4. De la necesidad de despegar los intereses de los profesores de los intereses inmediatos de los alumnos.
El prestigio de ser AQDC y los privilegios que el sistema otorga hace de la ocupación del ADQC una práctica apetecida por muchos pero ejercida a regañadientes. El sistema de firmas de la facultad de derecho de la UBA (rediseñado para que los docentes no firmen a la mañana y manden ayudantes por al tarde) así lo acredita. Estos incentivos (a seguir siendo AQDC y trabajar la menor cantidad de tiempo posible) están perfectamente alineados con los incentivos de los alumnos. En efecto, dado que el promedio de notas no es reconocido por los diversos mercados laborales a los que aspiran los alumnos de derecho (sino que el mercado sigue asignando plazas por relaciones sociales entre otros motivos porque las notas no son buenos predictores de la calidad profesional de los alumnos), los alumnos quieren el título que los habilita a ejercer la profesión lo más rápido posible. Así, entre la tendencia de los AQDC a hacer las cosas más fáciles y la de los alumnos en el mismo sentido no hay en general en nuestras instituciones incentivos para mejorar el único lugar en el que se forman por cinco años nuestra clase dirigente.
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jueves, 11 de junio de 2009

El orgullo de un abogado que da clase

El blog del curso II



Foto que subieron los estudiantes
para explicar de qué se trata
la "shock probation"

Hoy estoy muy feliz. ¿recuerdan que hace unos días estaba muy contento porque los estudiantes del curso de "Garantías..." estaban participando mucho en el blog del curso?

Bueno, el cuadro que sigue demuestra que era solo el principio...




En esa entrada estaba muy contento porque que el conjunto de visitas al blog "ha pasado en un mes de un promedio de alrededor de 20/30 visitas a uno de 60/70". Bueno, pues desde este mes todos los días el blog recibe más de 100 visitas, y el 4 de junio llegamos al record de...

¡239!

Ello se debe, exclusivamente, al trabajo de los estudiantes.




Este grupo de tres vándalos
filmaron un video en el cual
ellos hacen parodias musicales varias
sobre el juicio abreviado,
con unas letras increíbles.
Un nivel de producción y creatividad fantástico.

¡Miren las fotos!



Alucinante la foto elegida
por este estudiante
para graficar su hipótesis
sobre la relación desigual de fuerzas
entre defensa y acusador.

¡Y miren estos tres atorrantes!



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jueves, 21 de mayo de 2009

El blog del curso

ALGUNOS AVANCES EN EL USO DEL BLOG DEL CURSO




Desde hace aproximadamente dos años, abrimos un blog por cada curso cuatrimestral que damos en la Facultad de Derecho de la UBA. Así, hemos abierto ya dos blogs para el curso que damos en el primer cuatrimestre del año lectivo, "Garantías constitucionales del derecho penal sustantivo y del derecho procesal penal", y dos blogs para el curso que damos en el segundo cuatrimestre, "La actividad probatoria en el proceso penal".


Si bien desde el primero de ellos que creamos ha crecido sustancialmente el número de entradas que realizamos los docentes, creo que recién en este cuatrimestre hemos avanzado —apenas algo, pero sí avanzamos— en los posibles usos de una bitácora como herramienta complementaria en el desarrollo de una materia.


En primer lugar, dadas las características de nuesrto plan de estudios y nuestras limitaciones tecnológicas, no es mucho lo que podemos hacer. Mejor dicho, es mucho, pero de lo que no disponemos es de herramientas que hoy son de uso común en otros países.


Para muestra basta un botón. En el último curso de "Actividad probatoria" invitamos a Gerardo Fernández, abogado del Área Litigio del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), a que nos mostrara la reconstrucción virtual de un homicidio en el cual él intervino como apoderado de los querellantes —los padres de un joven muerto a balazos por un agente policial—. La clase estuvo fantástica. Gerardo comenzó explicando el caso, las dificultades probatorias a las cuales se enfrentó, y finalmente explicó por qué razones la reconstrucción virtual se hizo indispensable y cómo fue realizada. Finalmente, todos pudimos ver el video, que nos causó un impacto impresionante. El pequeño detalle fue que para poder reroducir elvideo necesitábamosun cañon. Aparentemente, hay un solo cañón en una facultad que tiene más de 20.000 alumnos cursando materias regularmente. La pobre Tamara Tobal tuvo que hacer más trámites que los que se deben hacer para exportar uranio, y más tramites para que nos dieran un aula adecuada para poder proyectar el video. Se perdieron al menos quince minutos para lograr que toda la tecnología de la UBA lograra funcionar razonablemente.




Ahora sí, volviendo al blog de este curso, le hemos encontrado nuevos usos posibles. Casi todos ellos consisten, principalmente, en la creación colectiva del blog con una amplia participación de los estudiantes. Si bien el gráfico no permite ver algunos datos importantes, muestra el crecimiento en las visitas diarias al blog, que ha pasado en un mes de un promedio de alrededor de 20/30 visitas a uno de 60/70. La participación se ha incentivado de dos maneras. En primer término, los estudiantes se han lanzado a escribir comentarios sobre las distintas entradas. En segundo lugar, y lo que es mucho más interesante y enriquecedor, gran parte de las entradas deben ser realizadas por ellos, a modo de trabajo práctico.


Con seguridad, cualquier docente profesional que maneje las TIC se reiría con desprecio de lo que nosotros consideramos un "avance". Sin embargo, nosotros estamos muy entusiasmados porque hemos logrado algo positivo, y, además, creemos que esto es solo el principio, y que con el concurso de los estudiantes podremos hacer muchas cosas más.

¿No les suena extraño tanto optimismo de mi parte?

Alberto Bovino

Esta entrada fue publicada previamente en mi blog No Hay Derecho
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miércoles, 29 de abril de 2009

DERECHO: 90 AÑOS DE QUÉ!?

“Las ventajas y el ocio de que disfrutan los caballeros no se les otorga en beneficio propio, sino también en beneficio de la comunidad” Blackstone, Oxford, 1753



Por Martín Soto Florián



Hace 90 años el sueño de alguien noble y comprometido con las cosas dio inicio. Hoy tenemos a la primera Facultad de Derecho del país. Somos felices, Bienvenidos todos.

He seguido con entusiasmo la historia de nuestra Universidad, y con especial atención la de nuestra Facultad, hoy de aniversario. Hemos visto como todo es felicidad y frotaciones de espaldas, palmaditas cómplices y sonrisas, en efecto hay mucho que celebrar y sería tonto no pretender hacerlo como corresponde.

La Facultad ha estado dirigida por grandes hombres, y a su frente han estado la intelligentsia jurídica y académica del país, quienes, dicho sea y espero no lo olvidemos, salieron precisamente de estas mismas aulas. Me ha brindado grandes amigos y maestros, fundamentales en mi proceso formativo, le estoy agradecido, les estoy agradecido.

La Facultad le ha aportado al país grandes hombres, sin duda ninguna; también le ha aportado tinterillos, fariseos y mercaderes disfrazados de abogados, de académicos, de juristas. Muchos de ellos catedráticos de larga data, otros personajes siempre vinculados a la Universidad, algunos incluso financistas de nuestras aulas, otros homenajeados de nuestras autoridades. La Facultad, sus autoridades, nuestros profesores y nosotros los alumnos no hemos tenido el valor de señalarlos, de sentar posición: todos hemos decidido mirar hacia otro lado, sin deberla, ni temerla. Hemos tenido temor de llamar a las cosas por su nombre, una vez más “unanimidad en el error”.

Quizá mi comentario este fuera de lugar, quizá no sea yo el más autorizado a concitar la atención sobre estos temas, quizá no tenga el derecho suficiente de predicar lo que no conozco, de alzar la voz y reclamar que se mencione también a quienes vendieron la patria, a quienes desmantelaron el Estado, a quienes como dice Galeano, vendieron las joyas de abuela y en algunos casos, a la abuela también.

En la presentación de la revista oficial de nuestra Facultad, Derecho PUC, fundada en 1944, tuve ocasión de presentar a la mesa, recuerdo haberlo hecho de esta forma, al introducir a un gran maestro e insignia de nuestro claustro:


En la década de los 70’s, un joven profesor de aquel entonces, y joven
profesor hoy en día, clausuraba la II Conferencia sobre la enseñanza del Derecho
y el desarrollo, fijando el rumbo y devenir de nuestra Facultad de Derecho:
“debemos hacer del Derecho una herramienta para el cambio social, en la medida
que no hagamos eso, estaremos haciendo cualquier cosa… menos Derecho”.


El catedrático de quien hablaba, en aquel entonces, [1] no sólo estaba al frente del nuestra Facultad en su calidad de Decano, puesto que ha ocupado en repetidas ocasiones, siendo además el único Pro Rector que ha tenido nuestra Universidad, sino que lideraba genuinamente un movimiento de reforma que buscaba revisar la enseñanza del Derecho desde sus cimientos, convocando autoridades, profesores, estudiantes y trabajadores en su gran gesta que era la gesta de todos: hacer del derecho una herramienta para el cambio y la transformación.[2] Esa fue pues la impronta de nuestra Facultad durante aquellos años...

Si bien es cierto, dicho esfuerzo no se ha repetido con la fuerza e intensidad de aquel entonces, ha sido siempre una ilusión: para algunos quizá no sea más que eso: una añoranza. Personalmente creo que significa ejemplo, compromiso, posibilidad, esperanza. Ya se hizo antes, hagámoslo ahora… hagámoslo de una forma novedosa y creativa, crítica de su historia y sus errores, celebrante de sus aciertos y progresos, inclusiva en todos sus estamentos de todos sus posibles actores, sin ambages, y por sobre todo propositiva…


Fuentes:
Avendaño, Jorge.
Discurso pronunciado por el doctor Jorge Avendaño V. En: II Conferencia sobre la enseñanza del Derecho y el desarrollo, realizada en Lima, del 10 al 13 de enero de 1973. Pontificia Universidad Católica del Perú, Departamento académico de Derecho, 1973.
De Trazegnies, Fernando, Avendaño, Jorge y Zolezzi, Lorenzo.
«Nuestra Reforma de la Enseñanza del Derecho». En: Derecho PUC, revista de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 1971, edición número 29, p. 132.
Gonzales Mantilla, Gorki.
La enseñanza del Derecho en el Perú: cambios, resistencias y continuidades. En: revista de la facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Derecho PUC, edición número 56, Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003, pp. 94-895.
Hampe Martinez, Teodoro.
Historia de la Universidad Católica del Perú Lima: Fondo editorial de la Universidad Católica del Perú, 1989.
Mac Gregor, Felipe.
Discurso del Reverendo Padre Felipe E. Mac Gregor. En: II Conferencia sobre la enseñanza del Derecho y el desarrollo, realizada en Lima, del 10 al 13 de enero de 1973. Pontificia Universidad Católica del Perú, Departamento académico de Derecho, 1973.


[1] Discurso pronunciado por el doctor Jorge Avendaño V. En: II Conferencia sobre la enseñanza del Derecho y el desarrollo, realizada en Lima, del 10 al 13 de enero de 1973. Pontificia Universidad Católica del Perú, Departamento académico de Derecho, 1973, p. 17.
[2] Ya en 1973, advertía don Jorge Avendaño el principal problema que suscita la pretensión de una reforma en la enseñanza: “Hemos ido viendo con el correr del tiempo que la reforma debe ser mucho más profunda que como se la concibió inicialmente. La sola modernización de métodos, la eventual elevación del nivel científico y el aumento y complejidad de especialidades, no son en verdad cambios radicales sino el encubrimiento de la estructura tradicional, con el agravante de que seducen al incauto por la apariencia de cambio”. Similar advertencia sería contemplada en años recientes por los profesores: Luis Pásara, en La enseñanza del Derecho en el Perú: su impacto sobre la administración de justicia (agosto 2004); y Gorki Gonzales Mantilla, en la enseñanza del Derecho en el Perú: cambios, resistencias y continuidades (febrero 2003).
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