lunes, 17 de agosto de 2009

La transtienda (lo que no se vio en Bogotá) Tomado del Blog de Diego Goldman

Esta mañana tuve el enorme placer de compartir una charla con los amigos que concurrieron al Primer Encuentro de Blawgers en la Universidad Externado de Bogotá. Fue una experiencia sumamente enriquecedora, y al margen del debate académico, no dejo de sorprenderme como un niño viendo "Viaje a las Estrellas" de las posibilidades que nos da la tecnología hoy día, al poder vernos las caras y compartir un encuentro estando a varios miles de kilómetros de distancia. Algo que era digno de la ciencia ficción hasta hace muy poco, hoy es increíblemente posible. Sinceramente, hoy sentí el cliché de que "Internet acorta las distancias" más palpable que nunca. Agradezco una vez más a Gonzalo Ramírez Cleves por la invitación, y por posibilitar este encuentro para el que trabajó tan arduamente. Espero conocerlo personalmente bien pronto.

Dado que no estuve in corpore allí, quería compartir un poco la trastienda del asunto, para que los colegas y amigos colombianos puedan respirar tranquilos sabiendo del tipo de visita que se libraron.

Cronológicamente, más o menos esta fue la secuencia (los horarios son de Buenos Aires, cada quien puede consultar su propio uso horario aquí):

7:45 AM: Logro levantarme de la cama pensando el contenido de mi ponencia para el Encuentro., después de intentarlo sin éxito durante más de media hora, lapso en el que el estado de semisomnolencia en que me encontraba me mantenía aferrado a la cama.

8:00 AM: Dejo un café en el microondas y unas rodajas de pan en el tostador. Casi meto al gato en el tostador y le doy alimento balanceado a la taza de café, pero afortunadamente recordé a tiempo que estaba despierto.

8:10 AM: Empiezo el lento proceso de consumir el desayuno, acompañado del aún más lento ritual de leer el diario. La provincia de Entre Ríos decide auspiciar mi taza de café, pero al rato caigo en la cuenta de que sólo podría verse el anuncio en el encuentro si tomo la taza de café con la mano izquierda, lo que es imposible. Prometo que luego escribiré algo sobre el encuentro publicando una foto de la taza, pero el auspicio se reduce a la mitad (¡pero como ven cumplo!) El tema de la ponencia me tiene preocupado, me debato entre presentarme o huir y pasar a la clandestinidad, pero me decido a presentarme por miedo a que de lo contrario Gonzalo me mande a buscar con la Interpol. Además tengo trabajo que hacer después como para perder el tiempo jugando a profugarme.

9:00 AM: Entro a ducharme para estar más presentable al público. Entro en un vortex espacio temporal que hace que no se sepa nada de mi hasta cincuenta minutos después. Pasado ese lapso, decido pasarme fijador por el cabello y lucir el extraño peinado que finalmente el público pudo observar. Me comentaron que puede ser la nueva moda de este verano.

9:55 AM: Desesperado porque ya casi es el horario de la ponencia, salgo corriendo hacia la computadora sin siquiera ponerme los zapatos. Si los asistentes al encuentro me hubieran visto con traje y pantuflas de jubilado, probablemente no me hubieran tomado muy en serio. Como ni yo mismo me tomo del todo en serio, publico la foto de las pantuflas para que se hagan una idea del espectáculo.

10:15 AM: Después de intentar durante veinte minutos contactarme con alguno de los organizadores del encuentro, y cuando ya estoy casi convencido de que los ha invadido la cordura y han desistido de mi ponencia, logro comunicarme con Gonzalo, y me dice que la cosa viene retrasada, porque todavía falta que termine de llegar el público. ¡Ya me parecía medio raro a mi que hubiera suficiente gente dispuesta a sentarse a escuchar una ponencia a las ocho de la mañana! Además me llegó el comentario de que en la noche previa se vivieron momentos de fiesta y descontrol en la noche bogotana, lo que explica también la resistencia al madrugón.

10:50 AM: Finalmente comienzo a hablar sobre los blogs jurídicos, el prestigio y el orden espontáneo. Y hablo, hablo, hablo, hablo, hablo, hablo y hablo. Cuando empiezo a ver que los asistentes cabecean y roncan me percato de que quizá estuve hablando demasiado. Hablo un poco más para cerrar el tema (¡pensé que iba a ser breve y me entusiasmé!). Pese a que el tiempo estipulado para las ponencias era de veinte minutos, yo hablé unas catorce horas. Si algún día me arrepiento de ser liberal, me postularé para conducir "Aló presidente". Hablar mucho y sin parar parece ser que me apasiona. No estoy tan seguro de que también apasione al público, pero creo que al menos se rieron en algún momento.

11: 35 AM: Termino (¡por fin!) mi ponencia y se abre espacio para las preguntas. Confieso que el retorno del sonido en Buenos Aires era muy malo, y no escuchaba muy bien lo que me estaban diciendo. Las preguntas fueron interesantes. Me preguntaron sobre el futuro del mercado editorial en la era de los blogs, sobre la posibilidad de que se generen nuevas formas de "autismo académico" en Internet y hasta sobre la experiencia del Partido Liberal. Concluidas las preguntas recibí aplausos. Aunque nadie se haya enterado, me emocioné un poco: no estoy acostumbrado a los aplausos. Comencé nuevamente la perorata para agradecer tanta calidez, pero mis anfitriones temieron ser rematados finalmente por la blableta, por lo que me despidieron amablemente.

11:50 AM: Partí raudamente hacia los tribunales en mi auto, tan contento con la experiencia que me puse a pensar que pronto debo viajar a Colombia. Tan ensimismado iba que casi choco, pero esa es otra historia...

Crónica tomada del Blog de Diego Goldman ¨El extraño mundo de Diego Goldman¨.

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