lunes, 24 de agosto de 2009

Quizá no nos expresamos bien

Hay cosas en la vida que no dejan conforme a nadie. Como esos empates que mandan a uno de los equipos al oprobio del descenso y privan al otro de la gloria del campeonato. O esas salidas al teatro donde el marido tiene cara de tujes porque no fue a jugar al póker con los amigos, y la mujer tiene cara de tujes porque el marido tiene cara de tujes. O, sin ir más lejos, la sentencia del "caso Cromagnon", dónde a los deudos de las víctimas les parece que el tribunal estuvo demasiado blando, y a la mayoría de los abogados nos parece que fue demasiado severo y hasta arbitrario.
Este último es un caso bien curioso. ¿Cómo puede existir semejante divergencia de apreciación sobre un mismo hecho?
Los familiares de las víctimas, los medios de comunicación y gran parte de la sociedad piensan que "no se hizo justicia" porque se absolvió a los músicos que participaron del fatídico recital, y los funcionarios públicos que omitieron controlar las condiciones de seguridad del lugar donde ocurrió la tragedia se fueron campantes a sus casas con penas bastante leves.
Los abogados (o al menos los abogados que no tenemos un interés personal en el caso) pensamos por el contrario que "no se hizo justicia" porque las penas aplicadas a los principales imputados no sólo parecen excesivas, sino porque el tribunal hizo una interpretación bastante antojadiza del concepto de "dolo eventual" y hasta, si se quiere, forzó bastante la idea de causalidad para atribuir la responsabilidad penal por un hecho a quienes, probablemente, no hayan sido sus autores.
No voy a discutir acá que debemos entender por "hacer justicia". Lo que si me parece claro es que "justicia" no quiere decir "meter preso a alguien" por el sólo hecho de que existan víctimas fatales de un acontecimiento. Las muertes no se reparan ni son menos dolorosas por el hecho de que alguien sea privado de su libertad. La "justicia", por el contrario, a veces exige que por un hecho luctuoso nadie "pague" mediante el encierro de su cuerpo en una cárcel abyecta. La "justicia" no exige encontrar siempre un culpable, y menos en la persona de un potencial inocente. Pero ese es un tema que se tocó en varios lados y no voy a insistir en la cuestión. Recomiendo buscar un post de hace unos días de Roberto Gargarella con quien, esta vez, estoy plenamente de acuerdo.
Lo que me llama poderosamente la atención es que, en este caso más que nunca, abogados y legos parecemos hablar idiomas completamente distintos. No nos ponemos de acuerdo porque ni siquiera nos entendemos. Nos miramos unos a otros con una sensación de extrañeza similar a la que habrán tenido Colón y los habitantes del Caribe la primera vez que se vieron las caras. Y para peor, ni siquiera estamos haciendo demasiados esfuerzos para hacernos entender.
Los medios quizá hayan colaborado con esa incomunicación en apariencia irreconciliable, al estimular la demagogia del "alguien tiene que pagar" y fomentar la histeria colectiva de los familiares de las víctimas, que cada vez tiene menos de verdadero, íntimo y sentido dolor, y más de espectáculo exhibicionista y autodenigrante.
¿Pero qué hacemos los abogados para explicar, por ejemplo, por qué la condena a Chabán viola principios elementales del Derecho Penal como el de legalidad y el de inocencia?
Lo que he visto al momento roza lo patético. Parece que somos incapaces de bajar del pedestal del tecnicismo para hablar el idioma del ciudadano común. Tendemos a refugiarnos en conceptos que damos por supuestos, pero que son incomprensibles para el hombre común. El ciudadano promedio no entiende, ni tiene por qué entender, la diferencia entre la "culpa con representación" y el "dólo eventual", ni por qué un tipo penal limita la posibilidad de persecución penal sólo a quienes han intervenido en la realización de determinada acción definida taxativamente por un verbo, y mucho menos la razón por la cual una persona que apeló su condena tiene derecho a permanecer en libertad hasta que un tribunal superior se pronuncie sobre la cuestión.
La pregunta es, ¿la mayoría de los abogados entendemos realmente esas razones?
Mi intuición es que no. Las facultades de Derecho nos preparan más bien para repetir en forma automática ciertos conceptos, y no para comprender realmente las razones morales y políticas, que fundamentan determinadas soluciones jurídicas. Por eso cuando nos preguntan por qué Chabán está libre pese a haber sido condenado contestamos con un "porque técnicamente es inocente", y no somos capaces de explicar lo peligroso que sería no ya para Chabán, sino para cualquiera de nosotros (incluido el que pregunta), dar a un tribunal o cualquier otra institución el poder de encarcelarnos sin posibilidad previa de defendernos y recurrir sus decisiones.
El Derecho se enseña como una matemática en la cual debemos razonar del modo "sentencia apelada = libertad" (y afortunadamente no todavía "x cantidad de muertos = x cantidad de presos"), ignorando precisamente que el Derecho no es una ciencia exacta ni una matemática, sino la cristalización de ciertos principios morales y políticos que es preciso comprender para aplicarlo correctamente en cada caso concreto. 
Para entender las soluciones jurídicas (y por ende por explicarlas posteriormente), no debemos quedarnos en la superficie de las normas, sino ahondar en los principios que les dan razón de ser. Para ello es inútil el estudio enciclopédico, repetitivo y automatizado. Es preciso desarrollar el sentido crítico, cuestionar, patalear, protestar y razonar. Razonar desde la concepción propia y también desde la contraria. Ser desconfiado, inconformista. Ninguna de esas cualidades suelen ser, salvo honrosas excepciones, estimuladas en las facultades de Derecho. Por el contrario, lo que se promueve es el acatamiento a una "verdad revelada" (la del profesor, que para colmo suele tener la insolencia de presentarse a si mismo como un outsider, un revulsivo), la acumulación acrítica de los conocimientos, la repetición, la supresión de la originalidad y la curiosidad intelectual.
Como decía John Stuart Mill, repetir acríticamente una verdad sin someterla a la discusión no hace otra cosa que vaciarla de contenido, convertirla en un dogma que se reproduce sin comprenderlo cabalmente y que, si es cierto, sólo es por casualidad, puesto que bien podría ser falso y nosotros no nos percataríamos de ello. Así se enseña el Derecho entre nosotros: como un cascarón vacío, despojado de todo sentido, que sólo cabe repetir y aplicar como si fuera un mero problema lógico donde a determinada causa cabe atribuirle, deductivamente, determinada consecuencia.
Ser abogado debería requerir mucho más. Debería exigir cierta formación humanística, conocimientos históricos, inquietudes morales, alguna cuota de suspicacia, de desconfianza y sobre todo un gran espíritu cuestionador.
Pero no. Preferimos sacar como chorizos tipos que se ponen una corbata y repiten como loros alguna cosa que alguien pensó antes que ellos.
Por eso no entendemos del todo el motivo por el cual resulta impensable condenar a Chabán por un delito doloso, aún cuando intuimos que la solución dada por el Tribunal no es la correcta y que no asiste la razón al coro que reclama culpables. De allí el conjunto de balbuceos incomprensibles que utilizamos para tratar de explicar lo que debería resultarnos claro y sencillo de expresar.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¿Quieres dejar un comentario?