martes, 12 de enero de 2010

El amor de 5.30 – 6.00 am


De pronto, él se despierta envuelto entre sabanas blancas,

Voltea la mirada y a su lado está ella,

Ambos cuerpos están desnudos.

Ella, mirando hacia el lado opuesto de la cama, con su hermoso cabello reposando sobre las almohadas.

Sin pena él, y con cierto morbo erótico, baja la mirada por su espalda desnuda, donde al final se confunde la delicadeza su piel, con la fineza de las sabanas.

Inquieto, mira más allá,

Y puede ver la madrugada, impaciente por salir, por mostrarles a los mortales el poder de la naturaleza.

Sigue el frio que caracteriza ese amanecer, sin que lo note, toda su piel está erizada.

¡No lo piensa! Sólo reposa su mano sobre su espalda.

La acaricia, para que no sea el frio quien la abrace,

ella reacciona, voltea su cara y lo mira,

¡dios santo! Esa mirada es abrumadora, su mirada lo pierde, lo enloquece.

Pasan apenas unos segundos, los cuerpos se acercan, aun buscando refugiarse del frio de la mañana,

las rodillas se cruzan, sus brazos juegan tímidos pero curiosos, encontrando la carne incesante, pero tal vez ansiosa.

Es así. Se besan, siguen cada movimiento con el latido de sus corazones,

tienen miedo, es normal, con el amor de un par de desentendidos que creen conocerse.

Aun no hay espacio para la razón.

La luz del amanecer no perdona, interrumpe su momento, se mete en su habitación por el gran ventanal que hay ahí al lado,

sin embargo esto no los detiene, en cambio, hace que haya más pasión en el ambiente.

Cada sonido se confunde con el cantar de los pájaros.

El tiempo tampoco perdona, y sigue consumiendo su vida sin que ellos lo noten

Pero ahí sigue, apremia, y su única prueba es el sol que a cada minuto se asoma cada vez más para saber que pasa entre ellos;

el placer aumenta en cada instante y es insoportable callar,

las sabanas se aprietan, igual que las bocas, las respiraciones se agitan y es posible ver una gota de sudor recorrer por la espalda de uno de ellos;

están al borde del abismo,

después de este segundo, ya no hay nada, ya no hay vuelta atrás, sólo queda seguir,

el reloj marca las 5.59,

cada latido es más duro, cada gemido sale más a pulmón, los músculos aun reaccionan nerviosos pero repetitivos….

…de pronto!!! Hay un momento, todo se detiene, sólo se miran a los ojos, sueltan la respiración que aguantaban desde hacía varios minutos,

ahora, el reloj marca las 6.00 a.m.,

y el sol a su salida,

por fin descubre la belleza del amor…

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