viernes, 27 de noviembre de 2009

Una opción diferente para los estudiantes de derecho

Buenos días, tardes o noches (dependiendo del momento en que lea esto). Mi nombre es Carlos Garaventa y me han invitado a participar de este blog colectivo.
En este primer posteo que realizo quería compartir con todos sus lectores un pequeño escrito que publiqué hace un tiempo en mi blog "En Disidencia" y recibió muy buena crítica.
Espero que lo disfrute, saludos.


UNA FORMA DISTINTA DE APRENDER DERECHO DE FAMILIA Y SUCESIONES


Sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener la necesidad sobre todo de amigos; porque ¿de qué sirve esa clase de prosperidad si se la priva de la facultad de hacer bien, que se ejerce preferentemente y del modo más laudable respecto de los amigos?
Aristóteles, Ética Nicomaquea (Libro VIII)


Dentro de los imponentes muros de la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires se pueden oír muchas “leyendas urbanas”. Por ejemplo que quien cuente las famosas columnas del edificio nunca se recibirá, la existencia de un prostíbulo en el subsuelo que fue cerrado al comenzar el siglo XXI o la maldad de un profesor de Derecho Romano que durante la última dictadura militar aprobaba a sus alumnos sólo si sabían contestarle cuanto media un pino promedio en Roma y la genialidad de un estudiante que muy inteligentemente le indico una altura con la mano diciéndole “mas o menos así” a lo que el profesor preguntó “¿cómo, tan bajito?” y el estudiante dijo “no se olvide que estamos en un primer piso”.
Una historia que nadie cuenta pero que merece serlo es la de una cátedra muy particular de la materia “Derecho de Familia y Sucesiones” es por ello que dedicare unas breves líneas a ella para que los afortunados a quienes llegue esta historia puedan experimentar nuevas sensaciones humanas en una de las casas de estudio mas inhumanas que existen (ver: “Un poco de humanidad en la facultad mas inhumana” en revista Vendetta N° 2, septiembre de 2007. P. 40 a 42) y darle el status de leyenda que debería tener.
La cátedra que estaba a cargo del recientemente fallecido Abel Fleitas en la comisión de los Drs. Pitrau y Vega sorprende a sus estudiantes desde el primer día cuando esperando en el aula a que llegue el profesor una persona entra y nos indica dirigirnos al aula magna de la facultad. En ese lugar el Dr. Osvaldo Pitrau comenzará a explicar en que consiste el curso a la vez que nos da la bienvenida. A los estudiantes -acostumbrados a aprendernos los artículos del código de memoria y rendir dos o tres parciales- nos llama poderosamente la atención el sistema de evaluación explicado por Pitrau, un sistema de evaluación constante (clase a clase).
Un fakir, dice Pitrau, duerme en una cama con 100 clavos porque de esa forma distribuye mejor el peso de su cuerpo ya que si durmiera sobre una cama de uno, dos o tres clavos éstos lo perforarían. Con esto quiere decir que es mejor una evaluación diaria que una, dos o tres evaluaciones parciales.
Ante lo desconocido el miedo de los estudiantes no se hace esperar, recuerdo que al terminar la presentación del curso una compañera consumida por la incertidumbre me preguntaba desesperada por el método de la cátedra, como si yo lo conociera, ya que le había adelantado que sabía con lo que me iba a encontrar. De la misma manera un amigo correntino a quien conocía por haber cursado otra materia juntos evaluaba la posibilidad de renunciar al curso al finalizar la segunda clase.
A apagar el incendio del temor llegaron los baldazos de agua del Dr. Alberto Vega quien explicaba que la cátedra funcionaba de la misma manera que un gimnasio: al principio siempre cansa y duele, pero cuando el cuerpo esta tonificado se vuelve tan natural como respirar.
La cursada se divide en dos bloques: uno de Derecho de familia y otro de Derecho de sucesiones. Durante el primer bloque la clase comienza con un trabajo práctico que suele durar de 15 a 20 minutos (siempre a libro abierto y con la bibliografía libremente elegida por el estudiante) luego la clase se convierte en un ferviente debate sobre la resolución de los casos en donde cada uno de los que integran el aula pone su cuota de conocimiento y actitud a la discusión. Para los que logran adaptarse a este sistema y entran al segundo bloque de la materia comienza el momento mas maravilloso en donde la tediosa tarea de estudiar el aburrido Derecho sucesorio resulta extrañamente divertida: aquí los profesores se toman una pequeñas vacaciones de su labor habitual y las estrellas del espectáculo pasan a ser los estudiantes a quienes se les exige que den clases en forma grupal pero se les prohíbe totalmente que esa clase sea algo común. Es en ese momento cuando personas de mas de 21 años de edad se ven obligadas a volver a ser niños y recuperar toda la imaginación perdida con los años para hacer algo lo mas original posible y sorprender al resto de sus compañeros al mismo tiempo que a sus profesores.
Al terminar la cursada nos sentamos en circulo y sacamos todo eso que llevamos dentro, decimos lo bueno y lo malo, lo que nos gustó y lo que nos desagrado con la misma sinceridad con la que hablábamos en cada una de las clases. En ese momento dije que era sin dudas lo mejor que había encontrado en la facultad pero que no era ni atípica ni la superación de lo otro. Mas allá de todo lo bueno que posee no supera la dificultad señalada por Duncan Kennedy en la enseñanza del Derecho: “Los estudiantes actúan efectivamente dentro de los canales construidos para ellos, haciéndolos aún más profundos, dándole a todo una pátina de aprobación y haciendo que la complicidad penetre en la historia de vida de cada uno” (“la educación legal como preparación para la jerarquía” en revista Academia N° 3, otoño de 2004. P. 118). Describí a la cátedra como una cátedra “touch and go” en donde todo se realiza en un marco de rapidez absoluta (al igual que el ejercicio de la profesión de abogado) en donde no queda tiempo para buscar una vuelta de tuerca más en la solución de conflictos; pero esto se debe a la crítica general que hago de la enseñanza del Derecho la que, según mi parecer, debe estar orientada a fomentar la investigación para realizar mayores aportes a la ciencia jurídica. A pesar de eso, se que el camino es largo y el paso que se da en esta materia es muy grande y no debemos olvidar que todo gran fuego comienza de una pequeña chispa.
Se generan lazos de amistad muy fuertes entre los estudiantes y estos también con los profesores. Es tan así que una semana después de terminar el curso organizamos una fiesta que emuló a la famosa obra de Platón “El banquete” (metafóricamente hablando) en donde, mientras el vino (vodka) pasaba de mano en mano todos hablamos del amor pero no a través del discurso como lo hace el filósofo griego sino con el baile, los abrazos y la charla de borracho.
Uno de los profesores (el Dr. Petersen) nos decía constantemente que nos iba a costar decir adiós y la verdad es que se equivocó, decir adiós no le costó a nadie porque nadie lo dijo. Y si bien es verdad que duele el saber que no vamos a tener otra experiencia como ésta es un dolor que no produce tristezas sino la gran alegría de tenerlo, como dice el poema del Gustavo “chizzo” Napoli:

Esta lloviendo pero yo veo un día de sol,
imagínense ustedes, imaginen como estoy.
Embriague mi alma y ya no siente dolor,
aunque afuera llueve yo veo un día de sol.
Si la tristeza vuelve y mañana es peor,
eso será mañana, por hoy llueve con sol.
(Napoli y Vera “Estaciones de tinta negra” Distal, Bs. As. 2005. P. 11)

Esta cátedra logra, sin dudas, cosas maravillosas: que el estudiante tenga ganas de ir a cursar de 21:30 a 23:00, que nunca sepas con que te vas a encontrar, que profesores y estudiantes discutan en pie de igualdad, que las diversas opiniones sean escuchadas y respetadas, que el conocimiento individual de cada uno contribuya a engrandecer el conocimiento general de todos, que estudiantes y maestros puedan divertirse a la ves que enseñan y aprenden, que el saber se transmita a la vez que se adquiere y viceversa, que quienes nunca hayan estudiado en grupo tengan su primera vez, que quienes no conocían “la parlante” la conocieran, que las primeras impresiones no sean las definitivas (como me decía una compañera unos días después de terminar la cursada: “Garaventa cuando recién te conocí te odiaba y ahora te amo”), etc. etc. Pero por sobre todo que seamos una gran familia.

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