sábado, 28 de noviembre de 2009

¿La muerte de los manuales de Derecho?







Leyendo hace un rato el último post de Tomás Marino, en donde se menciona una obra de Zaffaroni que viene acompañada por un disco compacto con videos (una muestra aquí abajo), y recordando vagamente una conversación sobre la "muerte de los manuales" con Martín Böhmer, se me ha ocurrido plantear como posible tema de debate si es posible hoy en día continuar dando clases tomando como bibliografía básica un manual tradicional.

También me vino a la mente las limitaciones que sentí en el último paper que escribí. Es mi retardada ponencia para el Encuentro de Blawgers que llegó solo para ser publicada. Dado el tema central del breve trabajo —sin pretensiones teóricas—, esto es, contar una experiencia concreta del uso de los blogs para dar una materia en la Facultad, muchísimas citas eran enlaces a los blogs, y el lenguaje verbal no me alcanzó para describir la experiencia educativa vivida (éste es el blog de ese curso).

¿Será cierto eso de la muerte de los manuales? ¿Alcanza un libro de texto como los manuales a cubrir las necesidades que un curso de derecho requiere?

Les dejo la inquietud. Saludos, ABovino

10 comentarios:

Carina Suárez

El manual es una herramienta más, yo no la dejaría de lado, pero si la complementaría con el tratado, respecto de los capítulos más trascendentes de la materia, a eso le agregaría jurisprudencia, varias corrientes doctrinarias bien contradictorias, para incentivar la crítica y el pensamiento y lo corono con jurisprudencia local y nacional. La pc y el internet como un modo más de comunicar conocimientos y consultar fallos de los tribunales. Y las clases presenciales son irremplazables, la clase en vivo, con los alumnos y sus críticas y sus dudas y sus distracciones, esa es la parte más fabulosa. Te mando un saludo.

Tomás Marino

Bovino, diste en el clavo.

Estaba preparando una entrada sobre lo que para mí van a ser —léase en argentina: "deberían ser algún día remoto"— las nuevas formas de aprender derecho.

Pero adelanto algunas ideas y si se arma debate mejor.

1) Mi experiencia me indica que los manuales son el resultado de un corte de pelo jurisprudencial y de contenido que se le hace a una obra importante pre escrita por el autor (tratado u obra principal). Se lo adapta falsamente para el alumno y le llega un compendio de obviedades o de lenguaje falsamente metanormativo. Los ejemplos son infinitos y luego los daré. Las excepciones son pocas. El mejor manual que leí fue sin duda el Penal parte general de Zaffaroni, alagia y Slokar. Sin duda debe haber otros muchos también buenos. Por lo demás, he leído manuales de Palacio, de Borda, de Llambías y son todas patrañas editoriales. Resúmenes de los libros que no están hechos para los alumnos ni mucho menos. No hay ejemplos, no hay una comprensión real de quién es el destinatario de la obra. Nada: es lo mismo que la obra grande pero con menos datos.

2) La audiovisualización de los contenidos. Hoy día hay facultades que aun con sus muy pobres recursos están entendiendo que el famoso "cañón" (cañón: proyector) no es algo que uno tenga que sacarse sangre y pedirlo con un año de anticipación para dar una clase. Si el pizarrón es la sine qua non de un curso, el cañón va a pasar a serlo. Por dos razones.

2.a - Las laptops ya no son lujo. Son demasiado frecuentes y una herramienta tremenda para conectar a un cañón y generar contenido audiovisual (más visual que audio, lógico)
2.b - Porque por medio de un cañón se pueden pasar videos, láminas (ruego a dios que algún día mejoren los vomitivos diseños del powerpoint) y otros contenidos. Podés dar una clase de derecho cambiario con un cheque ENORME en la pared, o con animaciones que expliquen cuáles son las acciones entre los obligados cambiarios y cómo se van relacionando, sus consecuencias, etc.; podés graficar el iter de un delito y hacer mucho más práctico (y hasta divertido, si se quiere) el aprendizaje. Podés poner una hipoteca enorme en la pared o hacer animaciones sistemas de traslado de riesgo en contrataciones de tal o cual tipo. En fin, infinitas posibilidades que un manual pedorro —90% paráfrasis de la ley que se supone debería clarificar— no tiene ni brinda.

Después la sigo o hago entrada y linkeamos. Pero para mí la que va es la audiovisualización de los contenidos.

Y Zaffaroni al sacar el DVD hace algo que, para mí, y en el contexto retrógrado que tiene la literatura jurídica (desde el fetiche por los libros de estética medieval hasta el amor por la citología ególatra y alpedista) es un avance muy copado (canchero dije en mi blog y es así). El tipo se vende en un DVD explicando su libro. Es genial; es una primera etapa. Hay que seguir inventando cosas.

Gaviota

De acuerdo con Tomás en la habitual diferenciación entre Manual y Obra Grande (Tratado o como lo llamen). En cuanto a la desaparición de los primeros, creo que no puede darse, y tampoco debe darse.

La gran diferencia entre las herramientas audiovisuales y un libro, es el elemento interpretativo. Con un escrito, el lector, participa, interpreta, analiza y controvierte. Con videos, se absorbe y ya. Se podrá estar de acuerdo o no, pero nada más (¿cómo discutir lo que Zaffaroni -por poner un ejemplo- dijo o quiso decir si uno lo ve a él diciéndolo?).

Si queremos formar borregos que hagan lo que el video diga, es un excelente mecanismo. Si queremos generar conocimiento y postura crítica, puede resultar insuficiente. Es una herramienta más, y debe seguir usándose.

ABovino

Gaviota:

Me parece que tenés una visión un tanto simplificada de los procesos de comunicación, y una visión de los estudiantes como dóciles repetidores de lo que perciben en soportes audiovisuales que no se corresponde con la realidad.

Saludos,

AB

Tomás Marino

Gaviota: no entiendo. El texto entendido como contenido, no muestra diferencias si se lo dice o si se lo lee. El texto, el discurso en sí, es tan peligroso en uno como en otro formato. Cada uno con sus particularidades.

La diferencia entre Zaffaroni leído y Zaffaroni hablando es nula. A lo sumo el texto es más ordenado, prolijo y en la oralidad se le pasan algunas cosas pero se suman otras (posibilidad de ver su gestos, sus énfasis, su retórica bah)

Pero no veo que los peligros que existen respecto del video desaparezcan en cuanto a los libros. Ambos son contenidos y están expuestos a las mismas críticas.

Igual no creo que los estudiantes repitan tanto como decís. No se si es tan así.

Saludos

Gaviota

Creo que me han interpretado mal. No me refiero al estudiante como un idiota, porque precisamente parto del presupuesto completamente contrario, y así lo he defendido tanto de estudiante, así como como un PQSDC (Plumífero que sigue dando clases), por utilizar la terminología de AB. Me refiero al ser humano en general, fácilmente manipulable por el mundo audiovisual.

Respecto de lo que dice Tomás, considero que sí hace una gran diferencia los gestos, énfasis y la sintaxis verbal, así puedan parecer pequeñeces.

En cuanto a los estudiantes, volviendo al tema que motiva este segundo comentario, sí estoy de acuerdo con posturas como las de García Amado, acerca de lo progresivamente mal preparados que van llegando los estudiantes, no por su culpa sino por culpa de sistemas educativos con inmensas falencias. Adicionalmente, en muchos esquemas se ha podido observar los peligros de la unilateralidad en la educación (miremos los esquemas educativos de regímenes autoritarios, por ejemplo).

Creo (e insisto que es solo una opinión) que los manuales tienden a ser textos (que implican bilateralidad) y los videos tienen a ser unilaterales. El problema no es el contenido sino lo que se puede hacer con él, y he ahí una diferencia que incluso es palpable en cuanto a novelas escritas y adaptaciones para películas. El mismo riesgo se corre en materia jurídica.

En fin, para no extenderme demasiado, no considero sustituible el manual por un video. No denigro del último. Me parece útil y debe aplicarse, pero nada de sustituir. En cuanto a los estudiantes, no creo que sean (seamos) idiotas, sino propensos a ser manipulados, como cualquier ser humano.

Saludos, y gracias por las críticas.

Carina Suárez

Alberto, Tomás y Gaviota: ustedes no me han involucrado en la discusión, por lo que debo entender que mi comentario incluye a lo dicho por ustedes tres: manual+tratado+doctrina contradictoria+jurisprudencia+PC+clase en la facultad. Es decir "no casarse con ninguna herramienta, aprovecharlas a todas; para eso están, para sacarles provecho. Saludos.

Gaviota

Carina,

Estoy de acuerdo. Creo que determinar qué tanto se utiliza una herramienta es lo que debe variar. Lo que no comparto es aquello de la "sustitución" del manual. Lamento no haber hecho referencia expresa antes, pero me concentré en aclarar lo que habían entendido los demás en cuanto al tema de los estudiantes.

Saludos.

Tomás Marino

Coincido.

La bibliografía va a seguir siendo el eje del aprendizaje, al menos por un gran tiempo. Es lógico, por su economía, practicidad, y estado de la ciencia. Es un formato tan antiguo como estandarizado que por ahora es insustituible. Aun pudiendo leer de la compu, muchos preferimos el papel y el libro.

Mi crítica al "manual" —aclaro— refiere al "tipo de texto" de contenido editorial reducido (a diferencia del tratado, obra extensa, etc.). Por eso nunca me gustaron los "manuales". Pero bueno, van a seguir estando.

¡Amo los libros y gasto mucha plata en ellos! Pero festejo siempre que a la enseñanza de una disciplina se le sumen nuevos medios, técnicas, etc. En este caso con las facilidades que nos da la tecnología audiovisual.

ABovino

Yo no me refería al soporte del texto solamente. Me refería a una obra razonablemente breve donde se escribe —por lo general— una especie de verdad revelada sobre la materia.

Particularmente, siempre armé la bibliografía de cada materia y de cada curso —con la invalorable ayuda de mis asistentes—.

El otro día tuve una charla con Böhmer donde surgieron algunas ideas sobre cómo preparar un manual en la actualidad, para salvar su carácter pétreo y sus omisiones en varios sentidos.

Pero esa es otra historia. Saludos,

AB

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