jueves, 30 de abril de 2009

Maldito cuestionario: prueba piloto

TOMÁS MARINO HACE DE CONEJILLO DE INDIAS

Hoy inauguramos [en "No hay Derecho"] la sección "Maldito Cuestionario", que en sus versiones próximas incluirá cinco preguntas que serán contestadas por varios estudiantes avanzados de derecho y abogados jóvenes, que no sabrán junto con quien se publicarán sus respuestas. En la elección de los cuestionados tendremos en cuenta variedad de género, perfil académico o profesional, y universidad en la que estudian. Las preguntas serán más "malditas" que las que le hemos hecho a Tomás. Pero pasemos y veamos las respuestas del autor del blog "Quiero ser abogado".


Alberto Bovino




Maldito Cuestionario 00


1. ¿Por qué elegiste esta carrera? Entre tu percepción de la carrera al ingresar a la universidad y tu percepción actual, ¿existen diferencias?

TM: Desde chico siempre supe que algo relacionado con el derecho iba a terminar haciendo. Era enfermo de las películas/series/libros/loquesea que esté relacionado con “lo jurídico”. Como melómano y músico que soy también me apasioné por la música, lo que derivó en un drama existencial de tener que elegir qué hacer al terminar el colegio secundario (así se llamaba entonces). Elegí estudiar música y luego —a los 23— comencé a estudiar derecho.


El porqué es complejo: es una carrera que incluye y conecta un montón de otras disciplinas, ciencias o saberes por las que tenía mucho interés (desde las teorías de la argumentación, hasta la sociología, criminología, lógica, economía, y un largo etc.) y tiene mucho que ver con mi forma de ser (investigador, curioso, algo racional y decididamente dedicado). Creí que si esa carrera era lo que yo imaginaba, iba a estar genial.


Eso me lleva a la tercer parte de la pregunta: sí hay diferencias. La carrera es mucho mejor de lo que creí en algunas cosas, y me cacheteó feo en otras. Lo lindo: estudiar, saber y aprender; la necesidad de dedicarle tiempo y pasión para lograr un objetivo digno respecto de un saber que me dí cuenta que me gustaba más de lo que imaginaba. Lo malo, por un lado la forma de enseñar y de transmitir por parte de los abogados que dan clase, la dificultad para encontrar verdaderos profesores y —por otro lado— cierta dificultad (pero no imposibilidad) de encontrar personas con las que compartir el grado de dedicación o pasión que uno le pone.


2. ¿Cuáles son los aspectos negativos de nuestras universidades y qué cambios propondría?

TM: No sé si estoy calificado para opinar de “nuestras universidades”. Dudo que la UBA comparta defectos con, por ejemplo, una universidad del sur de nuestro país o incluso con la Universidad misma de Mar del Plata.


Sí creo que, en lo que respecta la universidad que a mí me toca vivir, es que debería replantearse dos cosas. Dos genéricas y otra específica del área de derecho.


Genéricas:


a) una conexión más directa con la sociedad, una devolución de “algo” (no importa qué, cada disciplina sabrá qué hacer) para con la sociedad. Que haya una devolución, por mínima que sea, para con la gente; y


b) Que se pugne por una conciencia moral —no por medio de la propaganda, sino por medio de una discusión racional, por seguir a Nino— sobre la situación de “fortuna” con la que cuenta el estudiante universitario. Fortuna en el sentido de suerte, de posibilidad, de gracia. Doña rosa le tributa al estado, y gracias a eso yo estudio gratis. Pero tal vez el hijo de Doña Rosa no puede estudiar, tiene que trabajar. Cada persona que entre a una universidad pública tiene que saber que no todos tuvieron la misma oportunidad y fortuna y que eso, per se, es injusto. Esta conciencia la tuve cuando leí el primer capítulo de “El aprendizaje del aprendizaje” de Juan Ramón Capella. Lo haría de lectura obligatoria para todo ingresante.


En cuanto a las facultades de derecho, replantearía todo el sistema educativo, formas de enseñanza, y perfil de egresado deseado. Le quitaría el título de “ABOGACÍA” por licenciatura en derecho o símil. Que la carrera reciba a personas que van a trabajar de abogados, de notarios, de consultores, de jueces, de relatores, de mediadores, de profesores, de todo.


3. ¿Qué cualidades debe tener un buen profesor?

A más de saber enseñar, tiene que saber generar en el otro las ganas y la pasión por aprender. Debe poder graficarse las necesidades de un alumno, ponerse en su lugar en todo momento, imaginar qué necesita, por qué lo necesita y en qué forma lo necesita. Que su clase no sea un centro de retroalimentación de su propio ego. Que brinde algo más que los libros, qué diga algo más que los apuntes, qué diga algo más que el año anterior, que diga algo más. Que diga algo; lo suficiente como para que el alumno sienta placer de estar ahí sentado escuchándolo.


4. ¿Cuál fue el mejor profesor que tuviste durante tu carrera?

Laura Cipriano. Mi primer profesora de Teoría General del Derecho. Las razones son demasiadas, pero creo que me aportó más de lo que ella cree o recuerda haber aportado. Siempre recuerdo que una vez me dijo con seriedad en el medio de la clase: “Usted no critique así a Kelsen hasta que no lea la Teoría Pura desde el título hasta la fecha de impresión en la última página.” Ese día fui a la librería, pagué 21 pesos por la versión azulcita que edita Eudeba de la Teoría Pura y me fui a mi casa. Me fumé el libro en dos noches. A la siguiente clase levanté la mano y tuve una cálida discusión con ella sobre el positivismo, en la que me di cuenta que ella no era una kelseniana ofendida, sino una profesora que inspiraba en el alumno la pasión por la lectura y la curiosidad. Hoy día soy ayudante en una de sus materias y tenemos una excelente relación de amistad; he participado en grupos de investigación y seminarios con ella. Si a alguien le debo mi pasión por elegir autores, comprar sus obras originales y leerlas con detenimiento es a ella.


5. ¿A quién jamás nombrarías en la Corte Suprema de la Nación?

No sé si he leído tanto o conozco tanto como para sentenciar quién no debería ser Ministro a mi criterio. Sí dejaría de observar tanto a penalistas, o civilistas y estaría atento a qué material hay en el derecho constitucional. Sin temer a la juventud.


Me da la sensación de que grandes mentes del derecho constitucional se han ido a la tumba sin firmar una sentencia. Nombres que todos conocemos. Capaz buscaría por ese lado.


Tomás Marino

ADDENDA

Tomás escribió un post en su blog mencionando el Maldito Cuestionario.

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