martes, 23 de diciembre de 2008

Lecciones de la Playboy; aportes de una revista porno para repensar la libertad religiosa y la libertad de expresión.

[Atendí la amable sugerencia de nuestro entusiasta coordinador del colectiblog -Gonzalo- y les dejo aquí un post originalmente colgado en dijoellicenciado.blogspot.com] Dando vueltas por el blog de Norma, nuestra cinéfila favorita, me tope con una nota retecotorra sobre la portada decembrina de Playboy. El post en comento sabiamente intitulado Playboy y la Virgen ¿Qué ya no hay temor de Dios? nos cuenta que en el mes guadalupano, de un país guadalupano, los editores de la revista del conejito tuvieron la gracia de poner en la portada una mujer que inmediatamente asociamos con la virgen María. Si no mire:

El punto central de lo que aquí nos tiene comentando, además de un poco de morbo -que sería rídiculo esconder- es que la respuesta de la revista parece un enredo de poca monta. Resulta que formalmente la revista declaró (¿las revistas declaran?): “Si bien Playboy México nunca quiso a través de su portada o sus imágenes ofender a alguien, reconocemos que se ha generado una ofensa, y tanto nosotros como Playboy México ofrecemos nuestras más sinceras disculpas”.

Raul Sayrols, editor de Playboy México, dijo, también en un comunicado que: “La imagen no es y nunca quiso representar a la Virgen de Guadalupe o a cualquier otra figura religiosa. La intención fue reflejar una atmósfera renacentista en la portada”.

Dicha así la disculpa, pareciera que no hay nada sobre que polemizar. Los receptores del mensaje asociaron la portada con una idea distinta a la que quien emitió el mensaje quiso comunicar. La posición es muy básica, se acepta que se pudo herir la suceptibilidad de alguien, pero ello fue algo así como un accidente. Y el Licenciado nomas de mirar la foto de la portada piensa, o estos creen que une es imbécil o que ya nadie se acuerda de la Virgen María. Porque de sútil esto no tiene nada, ni el juego visual -se necesitan dos dedos de frente para entenderlo-, ni el juego de palabras -la modelo que posa desnuda se llama María Florencia Onori-. Aclaramos de una buena vez, que ni el Licenciado, ni la Licenciada tampoco, profesan fe religiosa alguna. En todo caso, las reflexiones que vienen a colación son las siguientes:

a) El mensaje enviado es neutral e inocente, es decir ¿es cierto que no se trata de una referencia de tipo religioso sino de una malintepretación?

b) Si fuera una referencia de tipo religioso, ¿la libertad de expresión estaría colisionando con la libertad religiosa?

c) En caso de ser así ¿cómo tendríamos que aproximarnos a estos casos?

Por principio de cuentas debe decirse que la explicación ofrecida por la revista además de estupida es insostenible. La revista contiene una serie de imágenes que echan fuera de toda duda razonable que lo que se buscó fue una irreverencia sobre un símbolo religioso del catolicismo.

La foto a nuestra izquierda muestra a María Florencia Onori con un manto azul en las manos. No se necesita ser un genio, ni doctor en religiones comparadas para comprender que se trata del velo que viste la Virgen María. Más duro es, a nuestro entender, que además tenga una corona, pues debe decirse que María Guadalupe -la Virgen mexicana- es llamada por sus feligreses la reina de México.


Por si con lo anterior fuera poco, la imagen que ahora tenemos del lado derecho muestra con toda contundencia la intencionalidad de asociar el desnudo de María Florencia con la imagen de la Virgen María. El sentido que tienen los vitrales como parte de las edificaciones católicas (particularmente en capillas e iglesias), la forma en la que el manto cubre pelo y cuerpo y la posición de las manos no dejan lugar a ninguna duda. Todo esto se dice, por instrucción del Licenciado... y de la Licenciada también, no por ofender el criterio y sano juicio de Ud., estimade lecter, repitiéndole lo obvio y lo que salta a la vista, sino porque forma parte de lo primero que en términos de prueba debíamos mostrar: el discurso de Playboy (expresado gráficamente) en todo momento quiso hacer referencia elementos religiosos, de forma especial al culto que se tiene en México a la virgen María.

Remata lo dicho la frase que acompaña la imagen de la portada: "Te adoramos María" y, para pior, lo que dicen en su página de Internet: "tuyos son la esperanza y el candor, tuyo el desnudo a la luz de las velas, tuya la corona con que te saluda diciembre. Así sea". Y teniendo los pelos de la burra en la mano, no queda más que pensar, pero qué desfachatez en decir que no se quiso representar a "cualquier figura religiosa", si las referencias al lenguaje religioso, el "así sea" -que no es sino el "amén" católico- y la expresa mención de la corona de diciembre (elemento central del guadalupanismo) son manifiestas de lo contrario.

Dicho todo lo anterior, no resta más que preguntarse si alguien tiene derecho a expresar un mensaje basado en elementos religiosos -que normalmente no comparte-, hiriendo con ello la suceptibilidad, los sentimientos o las creencias de otra persona. En México ha habido casos altamente polémicos (y polemizados), como en su momento lo fue el de la película El Crimen del Padre Amaro (protagonizada por Gael García y Ana Claudia Talancón). Antes de la puesta en escena, la película enfrentó al líder moral de la derecha ultrarreligiosa y fundamentalista, Jorge Serrano Limón, con los involucrados en la creación y divulgación de la obra fílmica. En este caso, lo que se buscaba era la prohibición de la divulgación de la obra, asunto que fue leído como desproporcional y violatorio de la Libertad de Expresión. Serrano Limón, en su afán, protagonizó rídiculas discusiones en las que se atrevió a decir que lo que pedían era la simple prohibición de la exhibición pública de la película, a pesar de reconocer no haber visto las escenas que consideraba herejes.

En otras latitudes, el tema de la reinterpretación o uso de lo religioso para contar historias en cine también ha sido fuente de conflicto. En Chile, por ejemplo, se prohibió la exhibición en salas de cine de la película, La Última Tentación de Cristo. Restricción que a la postre se dirimió ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dando paso a un célebre caso que es mejor conocido con el propio nombre de la película. Sin embargo, si bien en el caso Olmedo Bustos contra Chile (o la Última Tentación de Cristo) se resolvió que el Estado chileno había violado el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (referente a la Libertad de Expresión), debe reconocerse que la discusión sobre los límites a este derecho cuando pueda vulnerar la sensibilidad religiosa de otras personas ha retomado alguna vigencia. Se trata pues, no de censurar previamente ni de restringir la posibilidad de expresar incluso puntos de vista críticos frente a las creencias de otras personas (que en alguna medida es una suerte de reivindicación de las creencias propias) sino de entender cómo se relacionan dos derechos positivados -además de en casi todas las constituciones- por los tratados internacionales de derechos humanos.

Es en este sentido, entonces, en el que debe entenderse que las complejas relaciones de las sociedades multiculturales (e interculturales) en las que actualmente vivimos han dejado de entenderse sobre la base de un liberalismo a ultranza que siempre privilegiaría la posibilidad de cada quien de manifestar su pensamiento, independientemente del sentido en el que se construya o las consecuencias que en el ámbito emotivo pueda tener para alguien más. Los límites del liberalismo sólo contemplan la protección de bienes patrimoniales de terceros, la seguridad pública, la seguridad y subsistencia del propio Estado y el sano desarrollo de las personas menores de edad. En el mejor de los casos, se incorporan algunos valores metaeticos sobre la idea de una moral pública, más no religiosa. O al menos no se logra construir una idea de cultura religiosa propia de un grupo o comunidad y que en esos términos pueda ser salvaguardada. En los estados laicos, asociar la moral religiosa del algún grupo con la moral religiosa universal no sólo es indebido sino violatorio de la propia pluralidad de cultos.

Como ya estará Ud. mirando, estimade lecter, la tensión entre proteger ciertos valores religiosos usando la intervención del Estado, sin hacerlo con ello un Estado eclesial no es tan fácil de resolver. La ecuación: yo creo en esto y por ello tengo derecho a que no te burles de ello, no es sencilla de traducir en conductas y reglas concretas. A pesar de reconocerse que para determinados grupos, los valores religiosos juegan un papel más determinante en la afección emotiva. Por ejemplo, la Europa contemporánea ha mostrado la complejidad de la incorporación de las culturas árabes y los fuertes tensiones en la protección de ciertos discursos. 12 caricaturas publicadas en un periódico de Dinamarca (una de ellas a nuestra derecha), en las que en el contexto de la crítica a la autocensura y la libertad de expresión se ridiculizaban símbolos religiosos y divinidades del Islam (Mahoma, entre ellos), generaron literalmente un conflicto intercultural, que alcanzó incluso las relaciones comerciales de ese país con el mundo árabe. Si bien no se logró que jurídicamente se condenaran las publicaciones o se sancionara a los medios que las difundieron, el debate reencendió el tema de la legitimidad de la protección de los valores religiosos propios, mediante la sanción del Estado a quienes los agredan.

El tema adquiere más carnita si además incorporamos el prisma del derecho a la no discriminación. Es decir, aquellos casos en lo que la publicación de ciertas ideas sea portadora de una carga discriminatoria contra alguna persona en función de sus creencias religiosas. Es cierto que este no es el caso de nuestra modelo María Florencia, sin embargo, ella nos ha servido de pretexto para llegar hasta esta consideración.

Recuperando lo caminado, vale decir que en efecto la libertad de expresión puede colisionar con la libertad religiosa, no sólo en el sentido de una imposición a creer algo distinto, sino en el sentido que se agrede -aún en su condición intangible- aquello que nos pertenece y a lo que pertenecemos. Lo que tendríamos que determinar ahora es si la salud emocional de las personas -en términos de sus fuentes religiosas y morales- y en su dimensión grupal, es pasible de tutela jurídica y si esta tutela jurídica es expandible a la prohibición para otras personas, de expresar sus ideas. Desde nuestra insana y agnóstica postura, no lo es. La protección de mi sensibilidad emocional por razones religiosas no puede ser objeto de una protección basada en el castigo de quien la agreda -ni en lo individual ni en su noción comunitaria- ("imaginensen" que Serrano Limón quisiera meter al bote al fotográfo de Playboy porque con sus fotos lo lastimó en su sentir religioso, pus como que cómo, no?).

Falta entonces determinar si en aquellos casos en los que la libertad de expresión es constitutiva de una discriminación por razones religiosas, puede ser restringida o sancionada por el Estado. En este caso se estaría ya no tutelando el derecho a mi intocada paz espiritual interna -prohibiendo la burla o imponiendo a los demás la obligación de respetar mis simbolos, mi fe, mis creencias- sino el derecho a no ser discriminado, es decir, a soportar un trato desigual que merme en alguna dimensión mi sentido de persona basado en razones religiosas. Desde nuestra espontánea y poco sesuda posición, tampoco ésta es una razón que sustente la intervención del Estado en la regulación de nuestra esfera individual, en este caso en la expresiva. O al menos no debe serlo, desatando la acción punitiva del Estado. Es decir, no creemos que la solución sea la incorporación de tipos penales o sanciones administrativas que prohiban "meterse" con los simbolos e imagenes religiosas y que frente a su desacato el papel del Estado deba ser sancionatorio (no nos gusta el: usted se anda burlando de Buda, pus al bote tres semanas).

Todo esto no significa que uno quiera que el Estado esté nomas pelando ojo chícharo sin hacer nada y viendo cómo culturas dominantes o gente "creativa" anda poniéndole los pelos de punta a quienes creen fervientemente en sus dioses o en sus cosas. Nos parece (Licencado y Licenciada incluídos) que el Estado bien podría actuar en términos reguladores de la acción expresiva, es decir, imponiendo modalidades a la divulgación del discurso, restricciones en el formato o la imposición de la obligación de acompañarla de ciertos avisos. Todas las restricciones tendrían que estar basadas en estrictos tests de razonabilidad y ponderación entre los valores a proteger. Aunque esto abrirá la puerta a dilemas de otra índole ¿la protección del profeta de una religión tiene mayor desarrollo que la de un santo de otra?

Entiende uno que nuestra propuesta ya terminó en sandez, pero lo cierto es que algunas valoraciones sociológicas, antropológicas e históricas, por ejemplo, podrían establecer cargas y limitaciones en términos de espacio y alcance de la divulgación de ideas. Por ejemplo, esta portada de la revista Playboy, probablemente no podría exponerse abiertamente al público. Ello es distinto que no venderla.

Ya nomas pa' rematar, el Licenciado tiene claro que hizo de un caso morboso, un incipiente y pretencioso análisis, pero pus así son él... y la Licenciada también. Con tocho morocho, en lo que sí de plano no deja de pensar es que si bien se mancharon con la provocadora idea de ser irreverentes con la virgencita (los de Playboy) más pior estuvo su explicación de que nunca jamás fue su idea serlo. En todo caso, hay una distorsión del mensaje, en función de su explicación a posteri, y una suerte de autocensura (es como un: yo nunca quise decir eso -cuando sí lo quería-). De ésta -la autocensura- no tendría que ocuparse el derecho (al menos no en términos dicotómicos de permisión-prohibición). El acceso a materiales potencialmente ofensivos debe ser una posibilidad, más no tiene que pensarse que puede darse de manera idéntica a otros mensajes. En sociedades modernas y con la globalidad está más suave que de la prudencia se ocupe la sensibilidad social y el pulso de los editores y no la rígida ley. Ello a pesar de los riesgos que pueda implicar y los abusos en los que se pueda traducir ¿O usté cómo la mira? estimade lecter.

La del estribo:

Sépase, estimade lecter, que el bonito caso que le venimos reseñando, ya fue criticado y reseñado en el blog llamado Violet blue; open source sex. En el post ahí colgado, y al que la autora títula Playboy Mexico + Virgin María = Bad Idea, se hace referencia a la venta de 80,000 revistas (de 100, 000 del tiraje) y dice (en traducción libérrima) que Playboy México decidió dedicar una sesión de desnudos con una modelo como la Virgen María, lo cual hizo que muchos de los devotos católicos mexicanos realmente se enfurecieran forzando una retractación del asunto y una disculpa por parte de Playboy. Las fotos aquí expuestas fueron tomadas de ese blog.

3 comentarios:

Gonzalo Ramirez Cleves

Muy bueno este post Miguel, en Colombia paso algo semejante con las publicaciones alusivas a la última Cena y de la crucifixión de una revista semiérotica llamada SOHO, que empolata o encuera a todas las modelos y no modelos colombianas...
Existía el delito en el código penal de la profanación o irrespeto a los elementos de culto y se quería por esta vía, como tu dices ¨meter en el bote¨ o ¨encanar¨ a los editores. No lo lograrón por medio de una tutela, interponieno el derecho fundamental a la libertad de expresión. En últimas pienso que es una cuestión de marketing que ya viene haciendo carrera desde que Madonna hizo el video de ¨like a prayer¨ y tal vez desde antes.

Aquí la información del caso SOHO:
http://www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=4397

Aquí las fotos, menos espectaculares que de la querida manita Maria Florencia:
http://www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=3217

Gaviota

Completamente de acuerdo. Muy buen ingreso. Además, sigue vigente el debate acerca de la libertad de expresión, y sus límites. Saludos.

NitaK

NO ME PARECE QUE DEBAN DISCULPARSE, ES ARTE, QUE SE EXPRESA CON TODA LIBERTAD Y GRACIA, ADEMÁS NO HAN DESNUDADO A QUIEN FUE LA VIRGEN MARÍA SINO A UNA MODELO.
ACABEMOS CON LA CUCUFATERÍA, PUES ELLOS "CUELAN EL MOSQUITO" pero "SE ENGULLEN EL CAMELLO" o sea SON UNOS HIPÓCRITAS.

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